Hay lugares que se visitan por un monumento, una playa o una ciudad. Georgia, en cambio, se vive por la combinación de todo ello.
Situada entre Europa y Asia, a los pies del Gran Cáucaso, Georgia reúne una mezcla difícil de encontrar en otro destino: montañas que superan los 5.000 metros, pueblos medievales declarados Patrimonio de la Humanidad, una tradición vinícola con más de 8.000 años de historia, una hospitalidad legendaria y una gastronomía que enamora desde el primer día.
En invierno es uno de los mejores destinos del mundo para descubrir nieve virgen mediante heliski o catski, además de estaciones de esquí como Gudauri o Tetnuldi.
En verano y otoño se transforma en un paraíso para recorrer carreteras panorámicas, caminar entre torres medievales, visitar monasterios excavados en la roca o descubrir algunas de las regiones vinícolas más antiguas del planeta.
Y lo mejor de todo es que sigue conservando una autenticidad difícil de encontrar en otros destinos mucho más conocidos.
